Andrés Barcos
Cuando murió mi abuelo Fernando Barcos, dejó a cada uno de sus hijos un campo. A sus tres hijos solteros, Delia, Isabel y Ezequiel, les dejó la casa familiar en Roberto Payró. Para repartir los campos, puso en un sombrero los nombres de sus hijos y repartió los campos al azar.
Mis hermanos y yo pasábamos los tres meses de verano en Magdalena, en las casas de los tíos. Algunos nos quedábamos en la casa de Payró, con las tías solteras, Isabel y Delia y otros hermanos iban con los otros tíos al campo de Arditi. Mis hermanos mayores, Andrés y Jorge, montaban a caballo, les encantaba la vida de campo.
La abuela Mariana Mackey, hija de irlandeses, no les transmitió el idioma inglés a sus hijos. En la familia Barcos, por imperio de mi abuelo Fernando, la tradición irlandesa apenas dejó rastros en los cabellos rojizos de alguno de sus hijos.
Los Barcos fueron hombres y mujeres de campo fuertemente arraigados a la tierra. El único de los hermanos que marchó a la ciudad a estudiar fue mi padre que fue puesto pupilo en el colegio “Sagrado Corazón” de La Plata para luego ingresar en la Facultad de Agronomía de la misma ciudad, donde se recibió de ingeniero. La huelga universitaria de 1918 por la autonomía de los claustros, retrasó su carrera por dos años y en ese tiempo conoció a mi madre.
Mis padres se casaron en La Plata, tuvieron siete hijos, los tres mayores platenses y los cuatro menores en Bs. As. donde por fin la familia se radicó definitivamente. Una vez recibido de Ingeniero Agrónomo, comenzó a trabajar en el Ministerio de Agronomía y la familia se trasladó a vivir a la Ciudad de Buenos Aires.
Por parte de los Cábana había tradición católica firme y arraigada por las luchas religiosas que atravesó Irlanda por eso, en la familia de mi madre, abundaron curas de la orden pasionista y monjas y se practicaba todo el ritual estrictamente pero los Barcos fueron más bien agnósticos y no practicaban la religión aunque sí bautizaban a sus hijos y respetaban a la iglesia.
De la unión de Andrés y Pilar nacimos los siete hermanos Barcos – Cábana:
Esos veranos fueron inolvidables en nuestras vidas por muchos motivos que ya iré contando.
La abuela Mariana Mackey, hija de irlandeses, no les transmitió el idioma inglés a sus hijos. En la familia Barcos, por imperio de mi abuelo Fernando, la tradición irlandesa apenas dejó rastros en los cabellos rojizos de alguno de sus hijos.
La familia siempre permaneció en el campo y todos los hijos, con excepción de Andrés, mi padre, tuvieron su actividad centrada en Payró y Arditi zonas rurales tanto de ganadería como de agricultura.
Los Barcos fueron hombres y mujeres de campo fuertemente arraigados a la tierra. El único de los hermanos que marchó a la ciudad a estudiar fue mi padre que fue puesto pupilo en el colegio “Sagrado Corazón” de La Plata para luego ingresar en la Facultad de Agronomía de la misma ciudad, donde se recibió de ingeniero. La huelga universitaria de 1918 por la autonomía de los claustros, retrasó su carrera por dos años y en ese tiempo conoció a mi madre.
Mi padre, cuando estudiaba en la Universidad de la Plata, también jugaba al fútbol en "estudiantes de la Plata", como arquero.
Hay una anécdota que siempre contaba Andrés Barcos para retratar el carácter fuerte de su padre aragonés. Se encontraba haciendo reposo, en su pensión de estudiante en la Ciudad de La Plata, con el brazo en un cabestrillo por una lesión en el hombro por su práctica como arquero, cuando llegó su padre de visita... Le preguntó por los estudios, por los exámenes y no le hizo ninguna pregunta por el brazo enyesado, simplemente lo ignoró. Esta era su manera de decir que no aprobaba que "perdiera el tiempo" con la pelota de fútbol, que él le pagaba los estudios solamente para estudiar.
Mis padres se casaron en La Plata, tuvieron siete hijos, los tres mayores platenses y los cuatro menores en Bs. As. donde por fin la familia se radicó definitivamente. Una vez recibido de Ingeniero Agrónomo, comenzó a trabajar en el Ministerio de Agronomía y la familia se trasladó a vivir a la Ciudad de Buenos Aires.
Por parte de los Cábana había tradición católica firme y arraigada por las luchas religiosas que atravesó Irlanda por eso, en la familia de mi madre, abundaron curas de la orden pasionista y monjas y se practicaba todo el ritual estrictamente pero los Barcos fueron más bien agnósticos y no practicaban la religión aunque sí bautizaban a sus hijos y respetaban a la iglesia.
De la unión de Andrés y Pilar nacimos los siete hermanos Barcos – Cábana:
- Pilar (h),
- Lucy,
- Andrés (h),
- Jorge,
- Alicia Mabel (devenida Alicia),
- Fernando y
- Teresita.
En esta familia, al principio, en vida de Granny Caty, se habló casi siempre en inglés (menos cuando estaba mi padre). Mis tres hermanos mayores fueron los primeros años al colegio Michel Hamm de Vicente López donde aprendían inglés pero luego mi padre cuando ya su muy querida suegra (y realmente él la quería mucho) murió, desterró el inglés. Luego todos fuimos a colegios en español con inglés o francés pero como una materia más y así el inglés lo fuimos perdiendo. Mi madre al quedar viuda y en una situación económica difícil, a los 70 años, comenzó a dar clases de inglés en una academia y a algunos de sus nietos la recuerdan como una profesora muy severa. También le enseñaba inglés al médico que me atendió a mí en el nacimiento de mis tres hijos.
La familia de mi madre entre tíos y primos era muy numerosa y las familias tenían desde cinco hasta el que llegó a tener trece, pero eso queda para otro capítulo de esta historia.
La familia de mi madre entre tíos y primos era muy numerosa y las familias tenían desde cinco hasta el que llegó a tener trece, pero eso queda para otro capítulo de esta historia.




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